Dos miradas, dos historias, una región

 

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Por: Ricardo Morillo Acosta

Por primera vez en la historia del periodismo nariñense, un científico y una líder comunitaria se sientan en un salón de clases, y, cada uno, desde su visión, desde su mundo, reflexiona acerca de su pasado, su presente y su futuro.

 

Sentados, uno frente al otro en pupitres escolares de un gran salón, muy temprano en la mañana, él aparentando serenidad con una sonrisa apenas dibujada en los labios, elegante al vestir, camina de un lado a otro mirando el salón y comprobando que todo esté en orden y en su sitio; ella, viste sencillamente y con pulcritud, se lleva la mano derecha a la correa del bolso que cuelga en su hombro; es la primera vez que se encuentra en el laboratorio de un científico.

 

A ella visita ella tiene una actitud de niña se guía hacia el museo y observa el lugar de trabajo del científico, detalla todo con detenimiento mientras las palabras de su guía  la envuelven, le responden a sus inquietudes y generan cada vez más preguntas, ella trepa en una escalera y posa sus ojos claros y pacíficos en una lente queriendo hacer lo que hace siempre, ver más allá, saber el porqué de muchas cosas, indagar, saber y conocer.

quijano 

 

Él, hijo de un ilustre pensador liberal como lo define el mismo, con algún ancestro balcánico que hace entender el segundo apellido poco común por estas tierras andinas, científico en toda la extensión de la palabra, es Alberto Quijano Vodniza, egresado de la Licenciatura de Matemáticas y Física de la Universidad de Nariño y Master en Física Pura, Astrónomo y director del observatorio astronómico de la Universidad de Nariño.

 

conchita

 

Ella, hija de campesinos llegados a La Cocha procedentes del ahora corregimiento de San Fernando, que se ubicaron en un pedazo de tierra a la orilla de La Cocha que bautizaron con el nombre de El Laurel, campesina en toda la extensión de la palabra, estudios hasta cuarto de primaria, es María Concepción Matabanchoy Palacios, o "Conchita" como se llaman ya tres generaciones de mujeres de su familia, líder de la Asociación de Campesinos de La Cocha Asoyarcocha.

 

Tres periodistas sentados junto a ellos con la idea de hacer una entrevista y encontrar los puntos comunes y la apuesta de estos dos personajes en la construcción de su región, esa era la idea, sin embargo el resultado distinto: tres periodistas dejando por alguna vez de preguntar –ejercicio natural del oficio -y escuchando el diálogo de saberes, ejercicio dialéctico entre el saber académico y el saber social, dos miradas, un hombre y una mujer con un solo propósito: dedicarle sus esfuerzos a su tierra. Conchita, nació en San Fernando, llegó a La Cocha cuando finalizó su cuarto grado de primaria, nunca más volvió a la escuela pero "si aprendí en La Universidad de la Vida" dice, el contacto permanente con la tierra fue su metodología. Alberto Quijano nació en Pasto y, según él, casi no sale de su tierra, la mamitis (y papitis), y los cursos a distancia a los que pudo acceder desde muy temprano, impedían que saliera de su casa para cumplir sus sueños. Conchita Matabanchoy y Alberto Quijano, nuestros protagonistas, empiezan a encontrar similitudes desde sus propias historias de vida.

 
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