“El Papito Dios”

Por Juan Carlos Oviedo

Nuevamente el departamento de Nariño aportó otra cuota de sangre por la irracional confrontación armada que desde hace 50 se años viene dando entre la insurgencia de las Farc y la Fuerza Pública colombiana.

Esta vez con la muerte a mansalva del sargento José Libio Martínez, quien permaneció 14 años secuestrado por guerrilleros de las Farc en las inhóspitas selvas amazónicas, con lo cual se convirtió en el militar con más años de secuestro en el mundo.

Johan Steven, su hijo, nunca tuvo la posibilidad de conocer personalmente a su padre, ya que el único contacto que disfrutó fue a través de las 17 cartas de puño y letra que recibió de su progenitor, de algunas fotos en las que aparece con las cadenas y el candado de la ignominia al cuello, o por algunas breves imágenes de videos, que recibió como pruebas de supervivencia; por eso, después de tantos años de espera y de fallidas súplicas a los captores, debió resignarse a recibirlo como nunca quiso: en un cajón.

Ahora, como él lo expresó ante los medios nacionales, le pedirá al “Papito Dios” para que guarde su alma, y para que de donde esté lo proteja junto a su madre Claudia.

El sargento Martínez, al igual que los otros tres policías sacrificados, se suman a la interminable lista de víctimas del conflicto armado, que se supo cuando empezó a escribirse pero nadie sabe hasta cuándo se escribirá.

Este adolescente que siempre anheló conocer a su papá y sentir el placer de recibir un abrazo que sólo lo da un padre a un hijo que ama, hoy tendrá que seguir su vida con el triste recuerdo de haber tenido un padre-héroe, pero no un padre-cómplice de carne y hueso con quien compartir sus juegos y sus sueños.

Aquel niño que se dio a conocer por los dibujos, tarjetas de Navidad y cartas infantiles, que desde muy pequeño aprendió a hacerle en la distancia a su padre, quizá sin comprender porqué tenía que enviarlas sin saber a dónde, hoy con una madurez precoz por las circunstancias, sale a darle el último adiós a su padre, el sargento Martínez, quien finalmente después de tantos años de sufrimiento y de humillaciones pudo liberarse de las cadenas del secuestro y así descansar. Paz en su tumba.

 
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