
Esta artista pastusa radicada en Panamá y autora de magistrales obras que han recorrido varios países del mundo, recuerda con nostalgia su niñez y juventud en Nariño. Hoy se dedica al diseño en computadora y a la fotografía digitalizada.
Por: Mauricio de la Rosa
Ella quería aprender a comunicarse a través de un lenguaje distinto: el visual, para que sus emociones se pudieran plasmar en imágenes.
Esta artista nacida en Pasto en 1946 y radicada en Panamá desde 1972, es de las pocas mujeres nariñenses que se ha dado el lujo de colgar sus obras en el Centro Colombo Americano de Bogotá (1968), Galería Mateo Sariel de Panamá (2001, 2002, 2007), Museo de Arte Moderno de Cartagena (1998), en la Galería de Quito (1992), en la Galería Arte Actual de Santiago de Chile (1989), en Hostos Art Gallery de Nueva York (1986), y ha participado en la Bienal de Grabado Latinoamericano y del Caribe en San Juan de Puerto Rico (1993), en la Bienal Internacional de Artes Gráficas en Noruega (1986), en la Bienal de Sao Paulo, Brasil
(1981), entre otros lugares.
Alicia Viteri decide dejar su natal Pasto en 1965 y se traslada a Bogotá para adelantar sus estudios universitarios. Lo hizo dejando atrás su niñez la que compara con un "paraíso encantado" y sin sus padres que habían fallecido. Pero también fueron muchos los recuerdos que se llevó a la capital del país de una niñez y juventud de ensueño. "Nunca olvido mis días mágicos en la finca San Javier, en la cima de una montaña altísima desde donde divisaba a lo lejos el Galeras. Y las muñecas, caballitos, perros, árboles que yo hacia del pan que se horneaba en casa.
Los conciertos de guitarra que mi padre entonaba a la luz de la luna con un frío que calaba los huesos, a pesar de estar enruanada hasta las orejas". Otras costumbres caseras aún siguen vivas en su mente cuando narra: "La correteadera en el cuarto de los cuyes para escoger los que iban a ser parte de un exquisito almuerzo, mis excursiones al volcán Galeras corriendo entre los frailejones para llegar de primera al borde del precipicio que temblaba y olía a azufre. No podía faltar la misa del domingo en la iglesia de Santiago, junto a la virgen del Carmen, patrona de mi casa, y después con papá buscábamos las empanadas de añejo para el desayuno, donde la señora Lola".
Un día cualquiera en Bogota, solitaria pero con un futuro por delante Alicia comprendió que estudiar Bellas Artes era la mejor opción de vida porque se trataba de la carrera que reunía todas sus expectativas para hacer realidad sus sueños. No fue fácil iniciar una nueva etapa de su vida, aunque reconoce que encajó en un momento histórico y maravilloso de la Universidad de Los Andes, como quiera que Juan Antonio Roda era el Director de la escuela de Bellas Artes y a la vez profesor de pintura; Santiago Cárdenas fue su profesor de pintura y dibujo; Juan Cárdenas era su profesor de dibujo; Luis Caballero fue su profesor de dibujo; Olga de Amaral era la profesora de textiles; Umberto Giangrandi fue su profesor de gráfica; Galaor Carbonel fue su profesor de historia; Carlos Rojas y otros educadores y educadoras que han hecho historia en el arte
Colombiano también le compartieron sus conocimientos.
"Ellos nos transmitieron su sentir, su conocimiento y su respeto por el arte", agrega la artista. Su primer día en las aulas universitarias tuvo ribetes de elegancia y nerviosismo; "llegué vestida de conjunto sastre negro, zapatos de tacón princesa y cartera compañera y con un moño muy templado y acomodado en mi cabeza a un salón de clases lleno de niñas y niños entre tímidos y alborotados. Yo esperaba con un susto tremendo al profesor y para disimularlo me sumergía en un libro de Emily Bronte "Cumbres Borrascosas".
De pronto sentí sobre mi hombro la mirada del profesor que me preguntó: ¿Qué lees? Yo le enseñe el libro casi muerta del susto y me dijo "muy bueno", era Luis Caballero. Y siguió conociendo a sus alumnas, tarareando una canción en francés".
Del sastre al blue jean
Con el paso de los días y los meses modificó su forma de vestir a tal punto que cambió el elegante sastre por el descomplicado blue Jean, el tacón princesa por las zapatillas y el moño en su cabeza se convirtió en una larga cabellera que casi siempre le tapaba uno de sus ojos.